Vince Gilligan y Peter Gould deben sentirse orgullosos de lo que han hecho en Better Call Saul, pocos spin-off pueden jactarse de estar a la altura de la serie de la que se desprenden e incluso, ser un producto casi independiente de la misma. Y es que, si bien los actores Bob Odenkirk y Jonathan Banks están presentes, un noobie Tuco y estos a su vez en las entrañas de Albuquerque, Better Call Saul se mueve como por su casa, ágil, presumida, con las cosas que más amamos de Breaking Bad como la belleza de sus planos, la calidad de su música, pero con su propia gallardía.

Un final anunciado

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Según vimos en Breaking Bad, el destino de Saul Goodman ya lo conocíamos. De hecho, los creadores no temen montrarnos, sin rodeos, lo que hace el abogado luego de la historia con Walter White. Una secuencia hermosa e intensa, en blanco y negro, sin palabras pero llena de significados y lecturas que no nos deja dudas de su poco extravagante final.

Entonces, Better Call Saul nos arrastró a varios años antes de todo, antes de los colores chillantes en la vestimenta, las decenas de celulares en el cajón, antes de las columnas y lomos de libros falsos en la oficina, antes de Huell que aún espera, antes de Gustavo Fring, antes de la dentadura metálica de Tuco, cinco años antes, para ser precisos, de la vorágine llamada Walter White y sí, antes de llamarse Saul Goodman.

Jimmy McGill, como es su nombre, nos mostró sin ninguna prisa las piezas de su vida en ese entonces, y de paso los hechos que lo llevaron a esa misma situación. Si hay algo que me haya encantado de la serie es que ella misma es una metahistoria; es decir, lo que vemos de Jimmy es la transformación que acaba de vivir en su pasado inmediato como “slipping Jimmy” y que, paradójicamente, encontraremos más parecido con el Saul que conocemos en Breaking Bad.

Nostalgia y genialidad

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Decía al principio que los creadores de esta serie deben estar orgullosos, y es que conseguir los resultados en la historia, en los personajes y como producto final, logrados en Better Call Saul es, en resumidas cuentas, una genialidad.

Al principio, cuando inició la serie, pensé que mi fanatismo por Breaking Bad y la nostalgia por vivir capítulos intensos junto a Walter White ensombrecerían la historia que tenía por delante con Jimmy McGill, pero eso no sucedió, antes al contrario, los nuevos personajes como Chuck McGill, Kim Wexler, Marco y, por supuesto, conocer las hebras finas de Mike Ehrmantraut, hicieron que la serie tuviera, por sí sola, su propia personalidad y encanto.

Otra cosa a señalar es sobre que los capítulos estuvieran disponibles en Netflix, una jugada muy inteligente a mi parecer. Los productores y cadenas televisivas deben aprender que los espectadores ya no somos los mismos que hace algunos años, queremos tener la decisión sobre lo que consumimos. Así, series como House of Cards no ven mermados sus espectadores por ser un servicio de paga o por estrenar la temporada completa. Con Better Call Saul cada semana estuvimos atentos al estreno y disfrutando las mieles del servicio de streaming.

“The right thing”

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Sabíamos de sobra lo que significaba el nombre de Saul Goodman, así como todos los servicios que este abogado ofrecía, así que verlo años antes devolviendo un dinero sucio por querer hacer “lo correcto“, dista mucho de la imagen que teníamos. Y es aquí donde podemos distinguir la columna vertebral del argumento de ambas series (BrB y BCS), las transformaciones humanas son complejas, paulatinas, que se cocinan a fuego lento; así como que las decisiones de vida se derivan de muchos factores, con enmarañadas circunstancias y pocas veces se tiene certeza de todas las consecuencias de estas.

La temorada 2 contará con 13 capítulos

Si hay algo que agradezco de estas series es que se alejan del maniqueo de los personajes y que nos traten como espectadores inteligentes; integrando la cartografía indescifrable de las actitudes humanas en sus personajes. Así como el encanto del antihéroe y su apego por defender sus propios valores aunque estos sean distintos a los de las demás personas, aunque sus acciones les pasen la factura más tarde, aunque se los coma la conciencia y se sufra.

Así, el triunfo, aunque momentáneo, se dará cuando se abrace, sin recelos, el lado obscuro y dejarlo correr a ritmo de un cuter atravesando una garganta o articulando las palabras que explican que todo lo hecho fue por poder, por la sensación única de sentirse vivo, por el deseo justo de nunca más dejarse pisotear por nadie, ni por el mentor al que se le tuvo una fe ciega y, finalmente, cuando Saul, es decir: Jimmy, acepta que nada volverá a detenerlo de nuevo de salir beneficiado… sí, a ritmo de “Smoke in the Water”. Genial.